28
May

Encrucijada

Por: Rodolfo Higareda

Hoy los mexicanos nos encontramos ante una de las mayores encrucijadas de nuestra historia. La sociedad permitió que los gobernantes la amoldaran a su gusto, y dejamos que nos llevaran a situaciones límite. Los rezagos y problemas se fueron acumulando y crecieron exponencialmente; sin liderazgos los suficientemente inteligentes y comprometidos como para enfrentarlos y sacar al país adelante.

La educación pública es por demás deficiente, desde las aptitudes en lecto-escritura y matemáticas que se imparten a los niños, hasta la patética infraestructura educativa en la que se desarrollan. Entre los miles de millones de pesos que hemos permitido que se roben de las arcas públicas, hasta las fortunas que dejamos que se tiren al drenaje en programas sociales electoreros e ineficientes, hemos orillado a la mayoría de los mexicanos a tener una educación que no pasa de la secundaria.

Al final, tenemos una sociedad con nueve años promedio de escolaridad, mal nutrida y repleta de niños y adultos con sobrepeso y diabetes. Desde luego que eso ha resultado en una fuerza laboral que no es competitiva y de muy baja productividad. Somos una fábrica de pobres y personas incompetentes, a quienes expulsamos del país para que recojan fruta del otro lado, o los ponemos en riesgo de caer en manos del vicio y el crimen organizado.

La corrupción de la clase política y un estado de derecho fallido complementan el cuadro del caos en el que vivimos. Y como consecuencia, también tenemos la destrucción constante e imparable de nuestro entorno natural y la pérdida absoluta de nuestra seguridad individual.

Pero los partidos políticos y sus principales liderazgos no son otra cosa que el reflejo de ese fracaso social. Y ahora, ante la situación de agobio y desesperación en que nos encontramos, se nos aparecen los falsos profetas y mercachifles de ilusiones. Pero esto no es casual, porque tú y yo permitimos que llegaran las cosas hasta este punto, y nuestros padres y abuelos son igualmente responsables.

No podemos seguir así. No podemos tener a un Javier Duarte o a un Roberto Borge más. Tampoco a un Bejarano ni a una Napoleón Gómez Urrutia. Ellos han hecho lo que han querido porque se los hemos permitido, por nuestra pasividad e indiferencia que nos lleva a ni siquiera conocer quien es nuestro diputado ni por quien votamos, si es que lo hacemos.

En este delicado momento de nuestra historia, nos enfrentamos únicamente ante dos opciones: La de López Obrador que nos pretende llevar al pasado con recetas populistas que han probado su fracaso una y otra vez; y la de Anaya y Meade, que son muy similares en términos de respetar las libertades económicas y sociales, pero que al igual que López emanan del mismo sistema político quebrado.

Es comprensible el arrastre de López Obrador ante la gran deuda social que el país ha acumulado. Millones de pobres y desamparados, hambre, muerte, violencia y corrupción es lo que respiramos todos los días. El caldo de cultivo perfecto para que llegue al poder un tipo frustrado, ignorante y rodeado de lo más retrógrada y corrupto de la sociedad mexicana.

Y del otro lado, un PRI al que Enrique Peña y el grupo que lo llevó al poder se encargaron de destruir a base de escándalos y torpezas de toda índole. El nivel de rechazo se lo ganaron a pulso, y nos queda una muy frágil opción para no caer en el abismo populista que nos terminará por hundir como nación.

Esta elección no resolverá los problemas que tenemos, eso solamente encontrará respuesta con la unión de esos mexicanos que estamos convencidos en que la ruta a seguir es la de la educación de calidad y el fortalecimiento al estado de derecho. Eso lo podemos trabajar con cualquiera en un ambiente de libertades, menos con la opción radical de izquierda; porque ellos tiene otros planes para nosotros.

Hoy debemos meditar muy bien sobre la utilidad de nuestro voto. No lo tiremos a la basura, no lo desperdiciemos en castigos o premios. Ejerzamos ese derecho para defender el futuro y evitar la ruta equivocada de Argentina, Brasil, Cuba, Ecuador, Nicaragua y Venezuela.

El reto de transformar al país vendrá después del primero de julio.

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Rodolfo Higareda

Rodolfo Higareda

Cursó sus estudios en la Universidad Iberoamericana; y alcanzó el grado de maestro en Economía Internacional en la Johns Hopkins School of Advanced International Studies. En su amplia trayectoria destaca como funcionario público, político empresario y escritor.
Rodolfo Higareda

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