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Jun

La Hora de México

Cuando las personas me dicen que no hay por qué preocuparse sobre la posibilidad de que México se convierta en algo similar a Venezuela, argumentando que eso es impensable porque nosotros somos muy diferentes, a veces opto por guardar silencio y mirarlas con cierta ternura.

Muchos niegan ese riesgo porque les entra un complejo de superioridad respecto al resto de América Latina. Les invade la falsa certeza de que “nosotros somos mejores que los demás”. Algunos nostálgicos incluso se aferran todavía a ese pasado en el que logramos avanzar más de prisa que el resto de Hispanoamérica; porque logramos consolidar instituciones mucho más sólidas gracias al régimen que siguió de la revolución de 1910.

Sí, aunque a algunos les duela y a otros les convenga olvidarlo, fueron esos políticos del PRI los que no solamente cimentaron sino que levantaron el edificio institucional que ha evitado que todo se venga abajo con mayor velocidad. Aunque también fueron ellos, o más bueno sus herederos, los responsables del desastre que hoy padecemos.

Pero nuestra posición de avanzada es ya una leyenda, que quedó bien atrás en la historia. Porque hoy en día nos hemos rezagado en muchas cosas esenciales. Somos un país violento como pocos, y nuestros niños y jóvenes están muy mal preparados académicamente. Rompemos marcas en gordura y diabetes, tenemos altísimos niveles de alcoholismo y drogadicción.

Por si fuera poco, los embarazos adolescentes están por las nubes, la desigualdad y la pobreza están presenten en la mitad de la población, nuestro medio ambiente se está destruyendo a pasos agigantados; y ni siquiera somos potencia regional en el fútbol.

Así las cosas, arribamos al mismo punto en el que hace unas décadas estaban parados los venezolanos. Hartos de la corrupción, la impunidad, la pobreza y la desigualdad, a los sudamericanos les llegó un demagogo, un populista sin ninguna preparación, pero que supo canalizar y aprovechar el enojo social producto de los abusos del poder.

López Obrador está haciendo lo mismo que en su momento hizo Chávez, y se está aprovechando de pusilánimes que desde las más altas esferas prefieren pactar con él, ante el temor de perder sus privilegios.

En tres semanas estaremos votando no por un gobierno sexenal, no por derecha e izquierda, no por PRI, PAN o PRD; sino entre un nuevo régimen que nos pretende gobernar por décadas y que se llama MORENA, o por otra opción mucho más moderna y democrática. MORENA es ese viejo PRI, que nos gobernó durante 70 años. Ellos pretenden revivir al partido hegemónico pero de la mano de un caudillo.

¡Y por supuesto que la democracia nos ha decepcionado! o más bien diría que no necesariamente ella, sino el sistema que construimos a su alrededor. Lo que ha fallado es el sistema de partidos, los que nos han fallado son los políticos y la gente de poder. Pero no es con un caudillo ignorante y autoritario como vamos a encontrar la senda del progreso.

México volverá a avanzar en la medida en que entendamos que estamos obligados a invertir en nuestra gente, en su educación. Y por supuesto que tenemos que dedicarnos de lleno al imperio de la ley, de otra suerte todo estará perdido.

Esta es la verdadero hora de los mexicanos, es cuando tenemos que abrir los ojos y salir a votar con la cabeza y no con el estómago. Meade sin duda es el mejor en la boleta, pero lleva a cuestas al PRI a Peña, Videgaray y compañía, así que está descartado. Anaya por otro lado, a muchos nos genera dudas, pero es la única opción que tenemos para que no llegue el social populismo a gobernarnos.

Con Anaya cuando menos tenemos garantizada la libertad de expresión, la libertad de mercado y la competencia electoral. Con Anaya la sociedad mexicana podrá buscar libremente otras opciones de convivencia en democracia. Además el abanderado del Frente es un convencido de que la educación de calidad es el camino. Con el tabasqueño en cambio, nos espera la división entre los mexicanos, el rezago educativo, la corrupción y la pobreza.

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Rodolfo Higareda

Rodolfo Higareda

Cursó sus estudios en la Universidad Iberoamericana; y alcanzó el grado de maestro en Economía Internacional en la Johns Hopkins School of Advanced International Studies. En su amplia trayectoria destaca como funcionario público, político empresario y escritor.
Rodolfo Higareda

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