16
May

Teoría de los Juegos

Por: Froylán Díaz

La teoría de los juegos es un instrumento muy importante para la toma de decisiones. Es aplicar la matemática a escenarios cotidianos de la vida real; es aprender a negociar con estrategia. Adam Smith hablaba de la famosa mano invisible fincada en el egoísmo racional: “no hay nada de malo con que cada persona busque su interés individual. En un mercado libre el efecto combinado de que todos busquen su interés beneficia al conjunto”. Fue John Nash el que muchos años después con su Teoría del Equilibrio vino a contradecir a la famosa mano invisible: “hay que buscar el interés individual sin dejar de buscar el máximo interés del conjunto”.

Esto viene a cuento porque hoy día todas las encuestas ponen arriba a López Obrador para ganar la elección presidencial del próximo primero de julio, pero hasta ahora ninguna de ellas le otorga la mayoría absoluta. Es decir el 50% de los votos más uno, lo que quiere decir que la mayoría de los mexicanos, esta sí absoluta, no quieren que llegue a la presidencia. No obstante, esa mayoría se pulveriza al repartirse los votos entre los otros cuatro contendientes. Anaya, Meade, Zavala y Jaime Rodríguez (El Bronco) y si ellos cuatro llevados por su egoísmo juegan individualmente a ganar, al final, los cuatro van a perder irremediablemente, y de paso van a perder los que creen en la necesidad del nuevo aeropuerto, de la reforma energética, la de educación y la estabilidad económica. No niego que el modelo neoliberal aplicado desde 1988 tiene insuficiencias. Ha generado una desigualdad brutal.

Es claro que bajo el proyecto neoliberal podemos agrupar a Meade, Zavala y Anaya y seguramente al Bronco. Del otro lado se encuentra López Obrador que es evidente que se identifica con el modelo nacionalista, el famoso regreso al pasado, hasta antes de 1988.

Quedan poco más de dos meses para que tenga lugar la elección y si las estrategias de cada uno de los candidatos coleros siguen en el mismo camino de pelearse y competir entre ellos, no habrá manera que el resultado no sea otro que Andrés Manuel gané la elección y podemos adelantar que hasta holgadamente. El debate del domingo pasado posicionó en un claro segundo lugar a Ricardo Anaya, pero no es suficiente para que gane; no le alcanza. Se necesita de un llamado estratégico para hacer del voto un verdadero voto útil, y eso pasa por negociar con los otros candidatos que van claramente rezagados, por aplicar la teoría de los juegos, por buscar el máximo interés del conjunto agrupado en el proyecto neoliberal. Así de crudo. Meade lo ha dicho sin rodeos: está en juego más que la elección, el futuro de la nación.

No es el propósito de esta entrega discernir sobre la conveniencia para el país sobre uno u otro proyecto, sino sobre cómo la supervivencia del modelo neoliberal (el conjunto mayor) debería primar sobre el interés individual que pudieran albergar un gran número de panistas y priístas y para mucho de ellos, actuando egoístamente, no es poca la ganancia que obtendrían bajo el escenario actual. Al panismo identificado con Calderón y Zavala lo que más les redituaría en lo personal es que pierda Anaya, porque perdiendo Anaya se hacen nuevamente del PAN. A los priístas de cuño tradicional como Osorio Chong, lo que más les conviene es que pierda José Antonio Meade, porque así se apoderarían sin ningún obstáculo del Partido Revolucionario Institucional y dejarían sin posibilidad de dirigirlo al grupo surgido del ITAM (el propio Meade y Videgaray).

Convocar a empresarios que les escuece la idea que gane AMLO y a algunos priístas, a agruparse en torno a Anaya no parece tarea difícil. Salvo al presidente de la República que, hasta ahora, está empecinado en morirse en la raya con su candidato José Antonio Meade. Los panistas identificados con Felipe Calderón y él mismo, seguramente se opondrían a ello. El mecanismo no es fácil, no existe en la ley diseño alguno que bajo un eventual acuerdo pueda transferir los votos de un candidato declinante, al que se quiera favorecer. Se requiere, sin embargo, de un trabajo fino y harto complejo. Se ha hecho en el pasado. El reloj sigue corriendo y cada día que pasa es un día perdido. Es demasiado lo que está en juego y es necesario sacrificarse. Ha llegado la hora de sacrificarse por el modelo en que creen y, en consecuencia, sacrificarse por la nación. Tal vez mañana sea demasiado tarde.

Froylán Díaz
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Froylán Díaz

Froylán Díaz

Abogado litigante. Estudios de maestría an Administración Pública en la Universidad de Buenos Aires. Licenciado en Derecho por la UNAM
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